Jesús Laguna
Reflexiones, reseñas :"Desde un primer acercamiento, lo que captura la mirada es la riqueza de las superficies: texturas trabajadas que parecen construirse por acumulación, desgaste y sedimentación, generando una piel pictórica vibrante. En este territorio, la pintura no solo se ve, casi se toca. La materia se convierte en lenguaje, en un espacio donde lo visible emerge y se oculta simultáneamente". (La Zona Gallery. 2026)
Dicen que Kandinsky, uno de los padres de la abstracción, entró cierta noche en su taller y quedó deslumbrado al fijarse en una de sus obras, una de sus pinturas colocada del revés, en la que las formas y los colores adquirían una nueva energía, desvinculados del motivo que representaba. Percibió, quizá por primera vez, que no era necesario vincularse de alguna forma a la realidad para que una pintura tuviese identidad como obra de arte. La abstracción se parece en eso a la vida, casi más que la "engañosa" pintura figurativa. Porque ¿acaso no pasamos buena parte de nuestra existencia preguntándonos qué sentido tiene todo esto? Un espectador poco cultivado siempre busca en una pintura abstracta semejanzas con lo real: un perro, una flor, un gigante... donde solo hay formas y colores. Quizá el sentido de la vida sea ese: que no tiene sentido alguno y nuestro cerebro trata de establecer orden y lógica donde solo hay caos, emociones, sensaciones...
Más allá de esta reflexión estética-filosófica, al igual que Kandinsky, a mí también me gusta ver mis pinturas del revés, sobre todo en aquellas más abstractas, tratando de dejarme influir por la "mano artística" del azar, algo que ya practicaron los surrealistas. A veces descubres nuevas vías estéticas más afortunadas que en las que te empeñabas desde un principio. Hacer realidad la conocida cita de Picasso: "Yo no busco, encuentro".

